jueves, 20 de noviembre de 2025

En línea recta, entre dos mundos.

 Una reflexión para la clase de Ética Profesional cuando mis estudios en el Programa de Licenciatura ,(Abril -2018).


Entre dos mundos

    En el devenir de la humanidad el renacimiento y la ilustración representaron un hito importante, el nacimiento del Estado Moderno y con él una nueva eticidad, como lo indica Yurén Camarena: “El lema de la revolución francesa resumía el espíritu de la eticidad del mundo moderno: Libertad, ante todo, pero sobre todo igualdad (pues había que terminar con la sociedad jerarquizada que daba privilegios a unos en detrimento de otros) y fraternidad. La labor del Estado Moderno era la protección del individuo”. (pp. 10-11, Yurén Camarena, De la modernidad sólida a la modernidad líquida)

    La transición de una época a otra es un proceso que se va dando de manera gradual, y así podemos ver que la eticidad de una época no desaparece totalmente en la época siguiente ya que los colectivos humanos que se erigen sobre los restos de los anteriores construyen sus sistemas de pensamiento tomando lo que le será útil del sistema anterior.

    Vivimos en mundo caótico, y si bien la humanidad ha logrado grandes avances en las diferentes áreas de conocimiento, el ser humano no ha logrado alcanzar un estado de conciencia ética acorde a los avances de los que hace uso. La rapidez del avance de unos evidencia la carencia de otros y cada vez es más claro que aparentemente es el poder adquisitivo lo que marca la diferencia entre estos dos mundos. Así es como podemos ver hasta nuestros días las diferentes eticidades coexistiendo a la par en un mismo país, como el nuestro, por un lado podemos ver la eticidad del medioevo viva y activa muy claramente en las zonas rurales de nuestro país donde es el más fuerte el que dicta lo que es valioso, lo que debe ser castigado de lo que “puede ser tolerado” y por otro podemos ver la parte centralista del país que trata de gobernar a todos con un esbozo barrunto de lo que fue la politeia griega . Y cada una de estos mundos tiene una escala de valores disímbola, a veces opuestas entre sí. 

    Estos mundos que son explicados como Modernidad sólida y Modernidad Líquida (Bauman). Estos conceptos son, como su nombre lo indica; el primero estático en cuanto a sus valores y la durabilidad de los mismos, el segundo dinámico, en cuyo avance sus valores parecen nacer con fecha de caducidad, al respecto, tomando como ejemplo la educación, Bauman (2007) nos dice:

 “En la modernidad sólida se suponía que se podía aprender todo aquello que se requería para un determinado empleo. El conocimiento era una especie de propiedad y la educación tenía un valor en la medida en que se ofreciera conocimiento duradero. En la modernidad líquida las posesiones duraderas han perdido su encanto e incluso se aconseja evitar quedar atrapados en un empleo de larga duración y desarrollar lealtad institucional.” (p. 14, Bauman, Dela modernidad sólida a la modernidad líquida).

    La eticidad de la modernidad sólida que es prescriptiva nos es inculcada desde fuera, a través de normas y leyes que son dictadas por los individuos encargados de darle dirección al colectivo al que pertenezcamos. La eticidad de la modernidad líquida en cambio deja al individuo sólo en la toma de decisiones, el cual se ve ante un mundo (no un colectivo) del cual no se considera parte integral.

En línea recta.

    ¿En dónde está, entonces el norte? ¿cuál es la brújula que nos debe servir para caminar en línea recta en este devenir? ¿Cuál será nuestra labor como profesores?

    Para contestar estas preguntas es quizás necesaria una conclusión un tanto simplista pero muy efectiva sobre lo que es ético y sobre lo que no lo es. Enrique Dussel (2017) nos da la siguiente definición elemental: “Lo ético está siempre a favor de la vida [de la vida del colectivo, en nuestro caso en favor de la vida de la humanidad] lo no ético es lo contrario”.[Dussel, 2017, Ética de la liberación]

    Por tanto si hacemos una revisión de las eticidades que menciona Yurén Camarena en su artículo “Educar en el presente para eticidad del futuro” podremos ver como el germen de la eticidad indígena de México era el concepto de Mazehualidad que dotaba a todos los seres humanos por igual de una dignidad que hermanaba a todos, semejante al germen de la eticidad griega era la politeia ejercida en el ágora que permitía la expresión de los individuos en la formación de su colectivo en cuanto a que ambos sistemas éticos tenían como principio la convergencia de todos como una UNIDAD. Si preservamos lo positivo de cada una y tomamos ejemplo del punto de partida del fracaso de la eticidad de los que nos precedieron que claramente se ve, ha sido la idea de superioridad- inferioridad de los individuos y la jerarquización de ellos dentro del colectivo, tal vez podamos caminar éticamente “en línea recta” en nuestra futura labor de docentes, reconociendo a nuestros semejantes fraternalmente y ayudándolos a reconocer a otros como Yurén Camarena nos dice:

“Ser reconocido siempre es un acto que refleja grandeza, no de quien recibe el reconocimiento, sino del que lo otorga. Reconocer a una persona es un acto de profunda humanidad y amistad (en sentido aristotélico)[…] Es esa mirada generosa, de apertura al otro, de solicitud por el otro, lo que hace que el reconocido se sienta estimado, apreciado, valorado, digno, y como diría Kant, mirado y tratado como un fin y no como medio.” (p.1, Yurén Camarena, Educar en el presente para la eticidad del futuro.)

    Entonces y sólo entonces cuando nuestra eticidad en lo privado cambie cambiará nuestra eticidad en lo colectivo, y si pretendemos en un futuro trasmitir el germen de la eticidad del futuro (que esperamos sea la antes mencionada) entonces deberemos empezar a guiarnos por los principios de ésta.

“Aceptar el presente sin reconciliación es dejar de lamentarnos por el derrumbe de los valores y asumir que la educación puede contribuir a un ejercicio de la libertad, en el que la realización personal, el goce de sí y la preocupación por los otros no se excluye.” (p.18 , El presente de la educación y la eticidad del futuro, Beck 1999)


REFERENCIAS

Camarena Y., (2011) Educar en el presente para la eticidad del futuro, En ESPINOZA J. (coord.), Educación y eticidad reflexiones en la distancias (pp. 13-31), Juan Pablo Editor, México. 

Dussel, 2017, Ética de la liberación: https://www.youtube.com/watch?v=dDZxrRtOqpk 

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